COLABORACIONES
El cuerpo, lo concreto que nos permite ser
La mirada. El caminar. Maneras de saludar. Las curvas en la espalda. Los pies… El cuerpo revela quienes somos. Como un gran libro, refleja nuestro modo de vivir. Todo queda registrado en el cuerpo, para que los otros (y nosotros), podamos leer la propia historia. Y es que el cuerpo es una superficie de memoria: es la certeza de la vida vivida. Cuando otro nos lee, nos revela la existencia. Ahora bien, ¿es este cuerpo material, palpable, orgánico, la propia identidad?
Transcurrimos el momento histórico del cuerpo, que tras tantos siglos de sumisión pareciera posicionarse en un lugar preponderante.
Hay cierta tendencia actual, que asegura que somos un cuerpo. Pero no cualquier cuerpo, sino un cuerpo, delimitado en ciertos cánones de formato y hábitos. Por un lado, el movimiento; en la búsqueda de amoldarse al estereotipo instalado, el cuerpo es sometido a diferentes dispositivos: desde entrenamientos exhaustivos, sobrecargas excesivas y gimnasias novedosas hasta cirugías y píldoras que prometen transformaciones en función de la demanda por la apariencia. Por otro lado, la quietud; la evolución fue creando métodos y procedimientos para satisfacer los cuidados de este cuerpo, instalado como necesario: el cemento para apartarlo del barro y para protegerlo del viento y el invierno, el vestido, para cubrirlo y embellecerlo, el control remoto, el ascensor, el automóvil, para evitar su fatiga y esfuerzo. Cada vez más restringido, más aislado, más quieto, más subordinado a un molde, el cuerpo, quedó atrapado en la apariencia.
¿Será acaso, que somos algo más que este cuerpo físico-tangible? Este cuerpo, ¿sabe? ¿siente? ¿conoce? ¿trasciende? … ¿Qué hay de la emoción, del deseo, del pensamiento, de las ideas en este cuerpo material?
Quizás sea necesario pensar, por un momento, al cuerpo desde una multiplicidad de dimensiones; física, emocional, mental, inconciente, cultural, trascendente... De modo que si dijésemos que somos un cuerpo, también fuésemos una idea, una vibración, un poema, un sentimiento profundo. Y si así fuera, ¿como integrar este complejo entramado en lo real, en el aquí y el ahora? Quizás sea necesario asumir al cuerpo no como una fachada aparente, sino como la puerta de ingreso para participar en la existencia como hecho concreto.
“El cuerpo es la llave, que conduce al secreto tanto de la esclavitud como de la liberación,
de la debilidad animal y del poder divino,
del oscurecimiento de mente y espíritu tanto como de su iluminación,
de la sujeción al dolor y a la limitación, y del dominio o maestría sobre sí mismo,
de muerte y de inmortalidad”
Sri Sri Alingeshwara, Bangalore, India.
Asumir que el cuerpo es mucho más que un manojo orgánico y estético, posiblemente nos permita descubrir que la importancia del cuerpo radica, más que en su apariencia, en su realidad: pensar al cuerpo, como la llave que nos conduce al secreto de los opuestos (esclavitud-liberación, debilidad-poder, oscurecimiento-iluminación, limitación-dominio,
muerte-inmortalidad), como lo real, que me permite ser.
Y para intentar pensar que el lugar que le asignamos al cuerpo puede ser diferente, la práctica de Yoga, invita a hacerlo no exclusivamente desde su perspectiva física sino desde su potencial para facilitar el acceso a las dimensiones profundas, resignificando lo corporal hacia un camino de realización, de trascendencia.
Yoga nos propone partir del cuerpo a través de la práctica de acciones concretas: normas éticas (yamas), hábitos de purificación (niyamas) y posturas (âsanas), desde la respiración y su regulación (pranayâma) hacia la abstracción de los propios sentidos (pratyâhâra) para alcanzar la concentración, meditación y contemplación (dhâranâ-dhyâna-samâdhi).
Tal vez el cuerpo sea, en definitiva, la llave a la posibilidad de expansión, desde el cuerpo, hacia otros sitios. Habrá que practicar con perseverancia… y ver que sucede.
Om
Celeste Palavecino, Esquel, Chubut